Las grietas que aparecen o se agravan en verano son, con frecuencia, consecuencia de la retracción de las arcillas expansivas del terreno: cuando el suelo pierde humedad durante los periodos secos y calurosos, se contrae, desplaza ligeramente la cimentación y provoca grietas en las paredes, desniveles y daños progresivos en la vivienda. Suelen reconocerse porque empeoran entre junio y septiembre y se estabilizan en parte tras las lluvias.
Cada verano, miles de viviendas pueden verse afectadas por un problema que empieza bajo tierra: la sequía. Cuando el terreno contiene arcillas expansivas y pierde humedad durante periodos secos y calurosos, el suelo se contrae y puede provocar movimientos en la cimentación. El resultado suele aparecer en forma de grietas en las paredes, desniveles o daños progresivos en la vivienda.
Aunque muchas personas asocian las grietas en las paredes únicamente al envejecimiento del edificio, en realidad el comportamiento del terreno es uno de los factores más importantes para entender por qué aparecen y por qué algunas empeoran especialmente durante los meses de verano.