A menudo, las grietas en las paredes son causadas por períodos de sequía u otros fenómenos climáticos extremos. Te contamos cómo resolver definitivamente el problema consolidando el terreno de cimentación.
Identificar el origen de las grietas en las paredes es una operación fundamental. Desafortunadamente, bastante compleja. De hecho, las grietas podrían ser consecuencia de diferentes causas perturbadoras tales como, por ejemplo:
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Terremotos.
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Reformas, que han provocado un aumento de carga sobre la estructura.
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Dimensionamiento incorrecto de algunos elementos estructurales.
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Falta de protección de algunas partes sensibles de la estructura.
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Escaso mantenimiento del edificio.
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Mínima capacidad de drenaje de agua por parte de los suelos arcillosos o limosos.
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Períodos climáticos extremos.
En este artículo, me gustaría profundizar precisamente en esta última causa.
GRIETAS EN LAS PAREDES Y SEQUÍA
Como comentábamos, después de haber analizado el cuadro de fisuración y las condiciones del suelo, ocurre a menudo que se identifica la causa del deterioro en la pérdida de capacidad portante del terreno, a raíz de eventos climáticos extremos.
A causa de los largos períodos de sequía, de hecho, el suelo podría retraerse y provocar asentamientos en la cimentación.
Inicialmente, los deterioros se presentan de manera leve o, de todos modos, provocan un empeoramiento de los muros ya lesionados, por lo tanto, ya debilitados.
A veces, las grietas aparecidas y causadas por la sequía se caracterizan desde el principio por tener dimensiones considerables.
Pero independientemente de que se trate de grietas más o menos relevantes, las lesiones son señales de alarma que nos proporciona la estructura.

SUELOS CRÍTICOS
Los edificios que más sufren el fenómeno del asentamiento a raíz de períodos de sequía, en su mayoría, son suelos arcillosos.
Estos tipos de suelo tienen una buena capacidad para retener agua. Sin embargo, debido a la ausencia de lluvia, el volumen de agua interno al suelo que se pierde en los períodos cálidos no se repone.
Los vacíos dejados por el agua se compactan provocando un hundimiento del suelo de manera más o menos uniforme bajo los edificios.
A modo informativo, la porción de suelo que más sufre la sequía y que podría ceder puede alcanzar hasta 2,5 metros respecto al nivel del terreno.
Estos asentamientos se transmiten a las estructuras situadas sobre dichos suelos, en muchos casos deficientes en cimentación y poco dúctiles, mostrando los deterioros en los puntos más solicitados o menos “resistentes”.
¿QUÉ ESTRUCTURAS SE VEN MÁS AFECTADAS?
Las cimentaciones menos adecuadas para soportar tales solicitaciones son las superficiales: vigas invertidas o zapatas. Las losas garantizan buenas respuestas, pero el mejor desempeño lo proporcionan las cimentaciones profundas sobre pilotes.
Deterioros similares podrían ocurrir en períodos muy lluviosos o, de todos modos, ser causados por los ciclos de retracción-expansión del terreno. Como se mencionó, los suelos arcillosos sufren en las capas más superficiales contracciones durante los períodos de sequía y, a la inversa, dilataciones durante los períodos de lluvia. Los ciclos de retracción-expansión convierten el suelo en una especie de “resorte” y las estructuras poco dúctiles sufren el impacto y lo manifiestan con la formación de grietas.
SOLUCIONES PARA LAS GRIETAS EN LAS PAREDES QUE APARECEN EN PERIODOS DE SEQUÍA
En la mayoría de los casos, dado que el problema está relacionado con el suelo, es necesario intervenir directamente en el terreno.
Entre las intervenciones más utilizadas para la consolidación del terreno de cimentación tenemos las inyecciones de resinas expansivas mediante las cuales se restaura el volumen inicial del suelo.
Se trata de una intervención poco invasiva y rápida que consiste en la inyección de resinas poliuretánicas expansivas en el subsuelo a través de pequeños orificios realizados en el terreno.

Una vez inyectadas las resinas, estas se endurecen creando una base sólida e impermeable, proporcionando al suelo una alta resistencia a la compresión y aumentando la capacidad portante del terreno. En la práctica, las resinas reemplazan el aire y el agua presentes en el suelo.
La profundidad de las inyecciones depende de la estratigrafía del suelo y del tipo de cimentación. Las inyecciones se concentran en correspondencia con el bulbo de distribución de las presiones verticales provocadas por el edificio.
Pueden utilizarse, según los casos, resinas con diferentes densidades y grados de expansión. El producto y el volumen a inyectar, resultado de una buena planificación, se determinan tras el análisis del suelo y de las características de las cimentaciones.
Posteriormente, es imprescindible una correcta ejecución. Estas operaciones deben ser llevadas a cabo solo por empresas especializadas, como es el caso de Uretek, ya que una intervención incorrecta podría ser inútil y, en algunos casos, contraproducente.
El levantamiento debe verificarse durante la obra y los resultados obtenidos deben comprobarse mediante ensayos penetrométricos.
Además, las resinas expansivas garantizan tiempos cortos de ejecución y trabajos poco invasivos (sin excavación ni demolición) y los resultados son inmediatos.
Las resinas deben evitarse en suelos turbosos o pantanosos.